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15/9/16

Museo Casa de Lis (Salamanca)

Museo Casa Lis (Salamanca)

   Reconozco que como visitante de museos soy mucho peor que de cantinas; si no tengo un motivo especial dentro a veces prefiero esperar con un periódico, un libro o mi libreta en cualquier cafetería. Era Salamanca -una ciudad con unas connotaciones especiales para mí, nueva-, y mi mujer insistió en acudir.

   La acompañé bajo un tórrido sol de agosto, con mi bastón y mi sombrero, regañando entre dientes. Me invitó, pagó la entrada y la cerveza al salir. A mí eso del art decó me sonaba a chiste, al can-can de Moulin Rouge y poco más.

   Pero fue entrar y cambiar mi chip. Palacete urbano enclavado sobre la antigua muralla de la ciudad, obra del jerezano Joaquín de Vargas y Aguirre por encargo de don Miguel de Lis. Planta baja con un patio interior iluminado que sirve para distribuir todas las estancias, a pesar de que el irregular solar sufre un fuerte desnivel en su lado sur; mirar hacia arriba y ver miles de piezas de vidrio de color en una prodigiosa vidriera. El arquitecto idea una escalera que permite crear unas terrazas ajardinadas y una gruta cubierta de rocalla para aligerar el conjunto. Empezamos correcto, es bello. A pesar de ello, tomé nota por si tenía que escapar con premura de que al lado estaba el café de Lis, al que también se podía acceder desde el interior del edificio.

   La fachada norte es uno de los pocos ejemplos de arquitectura modernista que podemos encontrar en una ciudad como Salamanca. Piedra y ladrillo, verjas de hierro con movimiento orgánico, habitaciones de verano en planta baja y de invierno en la superior. Luz eléctrica y decoración modernista en su inauguración, en 1906. Baños con agua fría y caliente, varios salones e invernadero. Multitud de inquilinos ilustres, hasta que se abandona en los años setenta, sufriendo así un proceso de degradación. Fue en 1981 cuando el Ayuntamiento salmantino la expropia para evitar su ruina y abrirla como museo en 1995.

   Mi mujer y yo nos separamos, no tenemos los mismos ritmos. Ella sigue las flechas orientativas y yo soy un apátrida del orden. A pesar de ello, lo visité todo. Me cautivó. Un arte o un movimiento artístico casi desconocido para mí me saltaba a la mente con decenas de muñecas de porcelana, filigranas en metal para escribanías, juguetes de principios de siglo..., me recordaba bastante al surrealismo de Dalí, incluso al movimiento –más literario- dadaísta, con esa transgresión de la belleza tan particular.

   Confieso que hubo piezas que incluso me asustaron, gestos en caras artificiales pálidas que bien podrían parecer de niñas resucitadas o diabólicas. La colección de muñecasde porcelana es considerada hoy en día la mejor a nivel mundial; más de cuatrocientas piezas de Jumeau, Bru, Gaultier, Thullier, Petit y Dumountier, Steiner o Schmitt, talleres en su mayoría franceses.

   En cuanto al vidrio, repite formas y decoraciones de modelos venecianos o del de Bohemia, con gran uso del color. Emille Gallé, uno de los ideólogos de la escuela de Nancy fue uno de sus artífices.

   Criselefantinas de personajes mitológicos u orientales; figuras femeninas a mitad de camino entre la fantasía y la realidad, tallas de marfil...; todo ello encaminado a explotar todas las posibilidades plásticas de cada material, creando un fuerte impacto estático. Veinte salas con diecinueve colecciones diferentes, ahí es nada. Se incluye una magnífica muestra de joyería con piezas de Masriera, Fabergé o Lalique; además de broches, alfileres de sombrero e incluso guardapelos; pendientes, colgantes y relojes Patek Phillipp o Rolex. En definitiva, un amplio abanico para un “caco” experimentado.

   Tuve que esperar a mi mujer a la salida y tuve que reconocer, asimismo, que la caminata había valido la pena. Ya después, con el folleto explicativo en la mano, descubrí que la Casa Lis como museo, y su vidriera se habían forjado en el año 1995 por el “capricho” de un tal Manuel Ramos Andrade, y la insistencia del director del museo, Pedro Pérez Castro; un enamorado del movimiento modernista.

  Una recomendación: si visitáis Salamanca capital, aunque sea como última etapa, pisad y admirad la Casa Lis.







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