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17/1/10

La Santa Compaña

   Galicia siempre ha sido la tierra del fin del mundo y de los muertos. En sus mitos y leyendas todavía persisten restos de las antiguas creencias como sucede, con el santuario de San Andrés de Teixido, enclavado en uno de los parajes más hermosos de este rincón de la Península Ibérica o con el mito de la Santa Compaña, quizá el más conocido de todos ellos. Pero hay otros…

   Aquí el respeto a la muerte es algo evidente aunque las viejas costumbres se van perdiendo. Sí, la postmodernidad ha conseguido lo que los cristianos no consiguieron durante siglos, desde que San Martiño llegó a estas tierras para civilizar a los herejes que seguían la doctrina de Prisciliano y que seguían adorando a los espíritus de los bosques y de las aguas. Pero así es la vida, la evolución histórica y cultural de los pueblos… olvidar tradiciones importantes, importar otras ajenas que poco a poco van calando en el alma colectiva y resaltar otras cuyo sentido primigenio se ha perdido.

   De todas las leyendas gallegas sobre el Mais Alá, el de la Santa Compaña siempre ha sido una de mis predilectas. La Santa Compaña, conocida entre otros nombres como, Estadea o Estantiga es uno de los mitos más arraigados en el subconsciente colectivo de los gallegos y hunde sus raíces en antiguas creencias celtas y germanas.

   Una procesión de almas en pena vestidos con túnicas blancas que recorren los caminos y senderos durante la noche, guiados por un vivo (hombre o mujer) que porta una cruz y un caldero. A veces las ánimas son visibles pero, en otras ocasiones, sólo el ligero tufo a cera derretida (el perfume de las almas en pena) y una ligera y fría corriente de aire son sus señas de identidad.

   Para protegerse de esta extraña comitiva de ultratumba hay varios métodos como trazar un círculo de protección y situarse en el centro de éste (se aconseja dibujar una estrella de Salomón o una cruz); comer algo (¿veis? Una buena idea para un anuncio publicitario: “No olvide llevar una barrita de Chocotal, si no quiere un mal encuentro con la Santa Compaña” O algo así, que el marketing no es lo mío) , echarse en el suelo y dejar que la procesión pase por encima (lo veo poco práctico), rezar y hacer oídos sordos a la procesión (difícil pero dicen que funciona), correr (o lo que es lo mismo poner pies en polvorosa si el miedo no te ha paralizado) o para mí el mejor: pasar olímpicamente de la procesión de almas. ¿Una procesión de almas en pena? ¿Dónde? Yo no veo nada (para estos casos, sin duda una consola portátil es de gran utilidad).

   ¿Cuáles son los motivos que pueden llevar a la estantiga a presentarse ante nosotros?

   Primero, recuerda si tienes alguna deuda o si has agraviado a alguien… sí, lo sé, suena muy a lo Lope de Vega pero, resulta que las ánimas suelen ser bastante rencorosas.

   Anunciar la muerte de alguien, la de la persona que la ve o la de un conocido… siento ser brusca pero vete llamando al notario para hacer el testamento.

   ¡Ah! Y lo más importante, nunca cojas nada que te ofrezca la Santa Compaña… terminarías ocupando el lugar del vivo en la procesión y te irías consumiendo poco a poco, hasta parecer un pálido espectro necesitado de varias tazas llenas de caldo gallego.


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